Victor Vandenbroucke, lateral derecho de 17 años, decidió ponerse la camiseta de la Selección de Honduras pese al interés de Estados Unidos y tras haber pasado por categorías menores de Bélgica. Nacido en Los Ángeles y criado desde los 10 años en territorio belga, el zaguero del Gent cuenta que la decisión fue guiada por el corazón y por sus raíces familiares hondureñas. “Es un sueño para mí y quiero aprovechar cada oportunidad para representar al país de la mejor manera posible”, afirma con serenidad.
Raíces catrachas, formación belga
Vandenbroucke creció entre entrenos, estudio y una casa donde la cultura hondureña nunca faltó —hasta baleadas se preparan—. Empezó a patear la pelota desde muy pequeño, animado por su mamá y su papá, primero en el YMCA y luego en academias donde su talento llamó la atención. A los 10 años se mudó a Bélgica y allí se fue puliendo como defensor hasta llegar al Gent, uno de los clubes con mejor estructura formativa en la Pro League.
Aunque pasó su infancia y adolescencia lejos de Honduras, dice que la conexión con el país siempre estuvo viva por su familia. Su español todavía está en proceso —“entiendo casi el 90%, pero me falta hablarlo mejor”, admite—, algo que trabaja día a día porque quiere comunicarse con naturalidad en el camerino de la H.
El llamado de la H y el respaldo del proyecto
El futbolista cuenta que la conversación con Francis Hernández, parte del proceso de captación de talentos de origen hondureño en el exterior, fue clave. “Fue una charla muy positiva. Me habló con confianza y me hizo sentir importante dentro del proyecto”, relata. También destaca el acompañamiento de su club en Bélgica: su entrenador en el Gent lo animó a aprovechar la oportunidad por el crecimiento deportivo y personal que implica.
Vandenbroucke sabe que la Selección de Honduras atraviesa un reto mayor: no se clasificó a los Mundiales de 2018 ni 2022; la última participación fue en Brasil 2014. Por eso, mira al nuevo proceso rumbo a 2030, conducido por el entrenador español Francisco Molina, como una chance para aportar frescura y disciplina. “Quiero hacer sentir orgullosa a mi mamá y a toda mi familia”, repite, convencido de la responsabilidad que conlleva ponerse la H.
Perfil de juego y referentes
Su posición natural es el lateral derecho, aunque también puede desempeñarse como defensa central. Se define como un jugador sereno, con buena salida de balón y mentalidad competitiva. “Me considero muy tranquilo y con confianza con el balón. Me gusta ayudar al equipo tanto en defensa como en ataque”, dice. Entre sus referentes menciona a Achraf Hakimi por su intensidad y polivalencia, y en Honduras a Emilio Izaguirre, a quien reconoce por su trayectoria y por la forma en que representó al país durante años.
A nivel de clubes, sigue al Manchester City en Europa y, aunque ya ha visto partidos de la Liga Nacional, todavía no escoge un favorito en Honduras. Más allá de la cancha, le interesa estudiar kinesioterapia, convencido de que la preparación académica es un complemento clave en la vida del deportista.
La ilusión de volver al Mundial
El defensor tiene claro el objetivo compartido por la afición catracha: volver a ver a Honduras en un Mundial. “Duele ver a Honduras fuera de este Mundial”, admite, y promete trabajar para que la historia cambie en el futuro inmediato. En su maleta de aprendizajes desde Bélgica asegura traer disciplina táctica, calma en la salida y una competencia interna que puede contagiar al grupo.
Vandenbroucke no promete atajos, pero sí compromiso. Entre la formación europea, la identidad hondureña y su ambición juvenil, el lateral emerge como una apuesta a mediano plazo para una Selección que busca renovar energías. Mientras tanto, afina su español, se empapa de la cultura del país y espera el siguiente llamado para vestirse de azul y blanco.
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