Clever Portillo habla sin poses, como en la calle de tierra donde creció entre potreros de la Rivera Hernández, en San Pedro Sula. Hoy, con la medalla del título 20 del Motagua colgando del cuello, el lateral izquierdo repasa un camino que lo llevó del susto en carretera y un descenso, a cobrar protagonismo en una final que quedará en la memoria azul.
De Lepaera a la Rivera Hernández: fútbol a puro barrio
Portillo recuerda que comenzó a darle a la pelota en Lepaera, Lempira, y luego encontró más roce en San Pedro Sula. En la Alfonso Lacayo, entre risas y picardía, todavía le gritan desde la grada: “¡Clever, nos quitaste la décima!” y “¡Olimpia tiene 40!”, un recordatorio jocoso del peso de la historia. El propio futbolista admite que las ligas garífunas de la zona “son recias” y ahí curtió marca, ritmo y carácter.
Puertas cerradas, pandemia y el impulso para no rendirse
No todo fue festejo. Antes de llegar a primera, Portillo tocó muchas puertas. Probó en San Juan y apenas sumó minutos antes de que la pandemia diera por cerrado el torneo. Luego, en Parrillas One y Lone FC le dijeron que no había cupo. Entre idas y venidas, Orlando Linares fue clave para que tuviera una nueva chance en Lone, donde se consolidó por más de dos años. En medio de esa travesía, confiesa que meditó colgar los tacos y meterse de lleno a un taller como mecánico. “Se vale dudar —acepta—, pero también se vale insistir”.
El accidente, el descenso y el penal que marca
Clever no esquiva los capítulos duros. Habla del accidente que lo estremeció y del descenso que le dejó cicatrices deportivas. Ya con la camisa del Motagua, recuerda que un penal “te puede marcar”, porque en Honduras el fútbol se vive con intensidad. Sin entrar en reproches, asume que cada tramo de espinas fue parte del aprendizaje que hoy le permite competir al máximo nivel.
El salto con Motagua y el título 20
El cierre de este torneo lo encontró en modo determinante. Motagua, club de Tegucigalpa, elevó su estrella número 20 en la Liga Nacional de Honduras, cifra que dimensiona la grandeza del nido azul. En la interna, cuentan que Portillo fue pieza clave por su ida y vuelta, y por la templanza para sostener ventajas cuando más apretaba el rival. Su nombre ya figura entre los protagonistas del campeonato, una huella que no borra el viento.
La Bicolor: sueño intacto
Aunque no ha sido citado recientemente a la Selección de Honduras, el lateral mantiene el sueño vivo. “La Bicolor es una meta; si llega, me va a encontrar listo”, comenta. En la etapa de la Liga Hondubet, donde los márgenes son finos y el calendario aprieta, sabe que sostener regularidad y forma será su mejor carta de presentación.
Lo que viene
Portillo mira hacia adelante con serenidad: seguir sumando minutos, ayudar al Motagua a pelear cada torneo y, por qué no, aspirar a vitrina internacional. Entre Rivera Hernández y Lepaera quedó la génesis de un futbolista que entendió que el oficio también se forja desde la adversidad. Hoy, con la fe por delante, disfruta el presente y se prepara para lo que sigue.
Motagua alcanzó su campeonato número 20 a nivel local, un dato que enmarca el momento que vive el club y subraya el valor del aporte de jugadores como Portillo. De eso trata su historia: de insistir hasta que el balón por fin gire a favor. Para más historias del fútbol hondureño y actualizaciones, visita jaipurstacktech.blog



