¿Debe José Francisco Molina convencer a Andy Nájar para que vuelva a la Selección? La pregunta suena fuerte en la calle, en los chats de la afición y en la mesa de cualquier catracho que sigue a la H. Se trata de un futbolista con recorrido internacional, amado por muchos y señalado por otros por sus ausencias. Hoy, con un nuevo proceso de la bicolor buscando solidez competitiva en Concacaf, el tema vuelve a cobrar vida.

¿Qué aportaría Andy Nájar hoy?

Nájar, de 33 años, es un jugador polivalente que puede actuar como lateral o volante por derecha, con buena lectura táctica y salida limpia. Formado en D.C. United y con paso por el Anderlecht de Bélgica, su experiencia en ligas exigentes es un activo que no sobra. La Selección de Honduras necesita voces y pies con temple para momentos calientes: administrar ventajas, cerrar partidos, y competir sin complejos ante rivales de la región en Liga de Naciones y Copa Oro.

Su retorno, si se diera, podría elevar el nivel de competencia interna en la banda derecha, encender la sana pelea por el puesto y, de paso, sumar liderazgo para los más jóvenes. Un vestuario equilibrado, con referentes que ya han vivido mundiales —Honduras asistió a Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, este último con Nájar en el plantel—, gana aplomo en la toma de decisiones dentro del campo.

El otro lado de la moneda: salud, continuidad y proceso

El debate no está completo sin mirar el historial físico del jugador y la necesidad de continuidad. De poco sirve una incorporación brillante si las molestias musculares se repiten o si el ritmo de competencia no acompaña. La bicolor, además, requiere coherencia en la construcción del grupo: perfiles que estén disponibles en fecha FIFA, que mantengan la motivación alta y que se comprometan con un plan táctico que no cambia de una semana a otra.

También pesa lo anímico. Convocar a un referente sin claridad puede enviar mensajes mixtos al grupo. Por eso, cualquier intento de regreso debe sostenerse en criterios transparentes: forma deportiva, estado médico y compatibilidad con la idea de juego. Nada de improvisaciones; el proceso de la Selección de Honduras necesita pisos firmes.

¿Qué papel le toca a José Francisco Molina?

Al entrenador —y a su cuerpo técnico— le corresponde agotar el diálogo, sin forzar puertas. La gestión moderna del vestuario pasa por escuchar, explicar el proyecto y mostrar cómo encaja cada pieza. Si el DT considera que Nájar aporta valor competitivo y el jugador está listo para comprometerse con el calendario y la exigencia de Concacaf, vale hacer el intento. De lo contrario, lo responsable es seguir con la base que ha demostrado continuidad, potenciando a los jóvenes que ya levantan la mano en la Liga Nacional y en el extranjero.

Molina tiene, además, la tarea de blindar el proceso ante el ruido externo. La prioridad es el equipo y sus objetivos: competir en la Liga de Naciones de la Concacaf, alcanzar una buena Copa Oro y llegar con automatismos a las próximas eliminatorias. En ese libreto, cada convocatoria debe responder a un porqué futbolístico.

Conclusión: puerta abierta, reglas claras

La Selección de Honduras no puede darse el lujo de cerrar puertas a talento comprobado, pero tampoco debe hipotecar su proceso por un nombre. Lo ideal es una fórmula sencilla: si Andy Nájar está sano, con ritmo y dispuesto a integrarse bajo reglas claras, que regrese; si no, que el proceso continúe con quienes sostienen el día a día. La H necesita convicción, competencia interna y una hoja de ruta sin sobresaltos.

En tiempos de definiciones, el sí o no al retorno de Nájar debe responder a una sola pregunta: ¿mejora colectivamente a la bicolor hoy? Si la respuesta es afirmativa, que suene el teléfono. Si no, a seguir trabajando con lo que hay, que también ilusiona. Para más análisis y noticias del fútbol hondureño, visita jaipurstacktech.blog