Lid El Gobierno de Honduras volvió a poner sobre la mesa la cooperación internacional como palanca para mejorar la vida cotidiana, esta vez en diálogo con el Grupo de seguimiento a la Declaración de Estocolmo, conocido como G16+. La cita, encabezada por la canciller Mireya Agüero y con la participación de socios multilaterales y países cooperantes, aterrizó una prioridad clara del presidente Nasry Asfura: apuntalar salud y educación con apoyo externo bien coordinado.
Cuerpo Más que un acto protocolario, el encuentro buscó algo que en el país llevamos años reclamando: alinear la ayuda a las prioridades nacionales y medir su efecto en las comunidades. La Cancillería lo dijo sin rodeos: “la cooperación internacional debe estar alineada con las prioridades nacionales para generar un impacto tangible en la vida del pueblo hondureño, especialmente en los sectores más vulnerables”. El énfasis en una gestión eficaz y transparente no es un detalle menor; es la condición para que cada dólar y cada proyecto se traduzcan en vacunas disponibles, aulas funcionando y centros de salud abastecidos.
Bajo la coordinación del residente del Sistema de Naciones Unidas en Honduras y presidente pro tempore del G16+, Alejandro Álvarez, el Gobierno presentó rutas de trabajo en los sectores priorizados. La secretaria de Educación, Ivette Argueta, y el subsecretario de Salud, Eduardo Midence, expusieron planes estratégicos que, si se sostienen con metas claras y seguimiento público, pueden convertirse en una hoja de ruta concreta para cerrar brechas históricas.
El G16+ nació para acompañar, coordinar y evitar la duplicación de esfuerzos entre donantes y el Estado. En tiempos de presupuestos ajustados y necesidades crecientes, esa articulación es clave: permite focalizar recursos donde más duele —atención primaria, primera infancia, formación docente, infraestructura escolar y digitalización de expedientes clínicos— y exige rendición de cuentas sobre resultados.
Vale subrayar tres desafíos prácticos que se desprenden del encuentro:
- Priorización territorial: llevar la cooperación a los municipios con mayores índices de pobreza y rezago educativo y sanitario, con metas por territorio.
- Gestión por resultados: indicadores públicos trimestrales sobre cobertura, calidad y tiempos de respuesta en salud y educación, para saber qué funciona y qué corregir.
- Continuidad técnica: blindar los programas efectivos frente a cambios administrativos, preservando equipos y aprendizajes.
Conclusión Honduras tiene una oportunidad real de convertir la cooperación en mejoras palpables: más niñas y niños aprendiendo, más personas atendidas a tiempo. El encuentro con el G16+ deja un mensaje correcto —alineación, transparencia y resultados— y un reto ineludible: sostener la coordinación entre el Gobierno y los cooperantes para que el desarrollo sea, de verdad, sostenible e inclusivo. Que las próximas reuniones no solo expliquen planes, sino que presenten evidencias: aulas abiertas, personal médico cubriendo turnos y comunidades sintiendo el cambio.
