Un corte de cabello puede ser también una ventana a Centroamérica. En una barbería de Valle de Ángeles, al caer la noche, Aníbal —un barbero salvadoreño que echó raíces en Honduras— afila la navaja y conversa sin prisas. Entre pasadas de máquina y risas, repasa cómo la seguridad en El Salvador ha cambiado su forma de ver el futuro y, con ella, sus planes de vida.
Un oficio y una ruta de migración
Aníbal recuerda que en su tierra comenzó cortando cabello, luego abrió una pupusería y hasta se animó a vender quesillo. Emprendía donde veía oportunidad. Pero la extorsión le tocó la puerta y, como a tantos centroamericanos, lo obligó a cerrar. “Me pedían 200 dólares a la semana”, rememora sobre hechos de hace unos veinte años. Para un pequeño negocio, esa carga era insostenible. Decidió migrar: primero La Ceiba, después Valle de Ángeles, donde hoy su barbería suele estar llena por las tardes.
Seguridad y planes de regreso
Al preguntarle por el gobierno de Nayib Bukele, Aníbal no duda: “Hoy es otro El Salvador, empezando por la seguridad”. Su valoración está anclada en la experiencia cotidiana: vivir sin miedo a la extorsión o a las balaceras. Y, con la casa más en orden, dice, es posible pensar en invertir, estudiar y generar empleo. No descarta regresar a su país si el clima de seguridad se consolida.
Las cifras oficiales apuntan a un cambio profundo: autoridades salvadoreñas han reportado más de 75,000 detenciones desde 2022 bajo el régimen de excepción y una reducción marcada de los homicidios; estimaciones oficiales cerraron 2023 con alrededor de 2.4 homicidios por cada 100,000 habitantes. Para Aníbal, más que números, eso se traduce en calles transitables y vecinos que vuelven a abrir sus negocios.
Los matices del debate
Alrededor de estos resultados hay discusiones abiertas. Organizaciones de derechos humanos han expresado preocupaciones sobre debidos procesos y condiciones de detención, mientras que comerciantes y familias que padecieron la extorsión relatan una sensación de alivio. En medio de esas miradas, la realidad de Aníbal cabe en una frase sencilla: “No hay nada como vivir en paz”. Su opinión, como la de miles de migrantes de ida y vuelta, refleja una región donde la búsqueda de seguridad y oportunidades marca el rumbo.
Un espejo para Honduras
La historia de este barbero también dialoga con Honduras. Valle de Ángeles, a pocos kilómetros de Tegucigalpa, es punto de encuentro para turistas y emprendedores que apuestan por el trabajo honrado. La experiencia salvadoreña —con sus avances y sus debates— deja una lección regional: cuando disminuye la violencia, florecen la actividad económica y el empleo, y las personas reorganizan su proyecto de vida. Para Honduras, seguir fortaleciendo seguridad, educación y oportunidades locales es clave para retener talento y atraer inversión.
Aníbal termina el corte con la paciencia de quien sabe que los cambios, como los buenos peinados, llevan tiempo y mano firme. Si decidirá o no regresar a El Salvador, lo dirá el propio devenir. Por ahora, su barbería sigue siendo un pequeño punto de encuentro donde se cruzan tijeras, anécdotas y el pulso de Centroamérica.
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